En 2036, decir “tenemos una estrategia de IA” va a sonar tan raro como decir hoy “tenemos una estrategia de internet”.

Quiero hacer una predicción.

En 2036, decir en una reunión de directorio “tenemos una estrategia de IA” va a sonar exactamente como suena hoy decir “tenemos una estrategia de internet”. Casi vergonzoso. Evidencia de que en algún momento trataste una infraestructura de propósito general como si fuera una especialidad.

Hoy nadie dice que tiene una estrategia de internet. Internet es, simplemente, cómo funciona todo: cómo te comunicas, cómo atiendes a tus clientes, cómo corre tu cadena de suministro, cómo se coordina tu equipo. Es invisible porque está en todas partes.

Ahí es donde va la inteligencia artificial. No como un departamento, ni un roadmap, ni una iniciativa estratégica con nombre propio. Como el sistema operativo de cómo se toman las decisiones, tejida adentro de cada función, invisible justamente porque se da por sentada.

Llevamos diez columnas construyendo este argumento, y vale la pena recorrer el camino completo una última vez, porque cada pieza solo tiene sentido completo al lado de las demás.

Empezamos con IBM y su campaña de “e-business” de 1997, medio billón de dólares para convencer al mundo de que internet necesitaba su propio departamento, y con el chiste que terminó siendo el hilo conductor de toda la serie: hay dos GPT, el que todos persiguen, el modelo, el chatbot, el lanzamiento del mes, y el que en realidad explica todo lo que está pasando, la tecnología de propósito general. Seguimos con Walmart, que le puso un CEO aparte a internet en el año 2000 y tardó dieciséis años en deshacer esa separación. Después fuimos más atrás todavía, hasta 1880, para mostrar que el motor eléctrico estuvo disponible durante casi cuarenta años antes de que alguien se animara a rediseñar la fábrica completa a su alrededor, y por qué eso explica que tu ROI de IA probablemente no esté atrasado, sino exactamente donde la historia económica dice que debería estar.

Después vino la urgencia real: la IA llegó a 1.200 millones de usuarios en menos de tres años, algo que a internet le tomó cerca de una década, lo que significa que el calendario mental de quince o veinte años con el que muchas empresas todavía operan ya no corresponde a la velocidad real de este cambio. Y junto con la urgencia, la esperanza: Amazon era una startup de garaje en 1994 frente a un Walmart que la superaba en cada métrica posible, y treinta y dos años después terminó superándolo como la empresa más grande del mundo, porque construyó todo alrededor de internet en lugar de pegárselo encima a lo que ya tenía.

Hablamos de la diferencia entre tener un chatbot, que es como tener un sitio web en 1999, y tener IA de verdad integrada en cómo se deciden las cosas, lo único que McKinsey encontró que predice si una empresa ve impacto real en sus resultados. Vimos que IBM, la misma empresa que escribió el manual de los departamentos aparte en 1997, hoy no tiene un Chief AI Officer, y eligió en cambio repartir esa responsabilidad entre cada líder de área. Y cerramos la semana pasada con el permiso más importante de toda la serie: la IA imperfecta de hoy, integrada en una operación real, le va a ganar casi siempre a la IA perfecta que alguien sigue planeando para el año que viene, tal como Amazon, eBay y Google nunca esperaron a que existiera banda ancha.

Diez columnas, un solo argumento: la inteligencia artificial es una tecnología de propósito general, y la ventana para construir ventaja antes de que se normalice está abierta ahora mismo.

Los líderes que ganen esta transición no van a ser los que tengan el mejor roadmap de IA. Van a ser los que dejaron de necesitar uno, porque ya reconstruyeron todo a su alrededor mucho antes de que se volviera obvio para el resto.

¿Qué va a sonar más raro dentro de diez años en tu empresa: haber esperado demasiado, o haber empezado demasiado pronto?