Amazon, eBay y Google nacieron con internet a 56k. Ninguno esperó a la banda ancha.
Si tienes más de treinta y cinco años, te vas a acordar de esto: páginas que tardaban entre treinta y cuarenta y cinco segundos en cargar, descargas que se cortaban a mitad de camino y había que empezar de nuevo, y comprar algo online significaba completar un formulario eterno cruzando los dedos para que la transacción no se cayera antes de terminar.
Y sin embargo, en esos mismos años, con esa misma conexión terrible: Amazon ya vendía libros desde 1995. eBay ya conectaba compradores y vendedores desde 1995. Google nació en 1998. PayPal se fundó ese mismo año y lanzó su primer producto en 1999.
Ninguno de ellos esperó a que existiera banda ancha. Construyeron con la tecnología que tenían disponible en ese momento, aprendieron más rápido que el resto del mercado durante esa etapa incómoda, y ese aprendizaje se convirtió en una ventaja que los que llegaron después, incluso con mejor infraestructura, ya no pudieron cerrar.
La inteligencia artificial de 2026 está en su propia versión de esa etapa de 56k. Alucinaciones, salidas inconsistentes, vacíos de gobernanza, una nube regulatoria que todavía no termina de asentarse. Algunos datos recientes lo confirman con más precisión de la que cualquiera quisiera. Solo el 29% de los desarrolladores confía en lo que genera una herramienta de IA, comparado con más del 70% hace apenas tres años. Un estudio controlado de la organización de investigación METR encontró que, trabajando sobre código que ya conocían bien, programadores con experiencia terminaron siendo un 19% más lentos usando IA, no más rápidos. Y el código que genera una IA contiene, en promedio, 2,7 veces más vulnerabilidades que el escrito por una persona.
Esto no es un argumento para esperar. Es exactamente el argumento contrario.
Las empresas que están esperando a que la IA esté “lista para producción” antes de comprometerse están haciendo la misma apuesta que perdieron los minoristas tardíos que esperaron a que existiera banda ancha antes de subirse a internet. Para cuando la conexión mejoró, Amazon ya tenía años de datos de comportamiento de compra, eBay ya tenía una red de confianza entre compradores y vendedores que ningún recién llegado podía replicar de la noche a la mañana, y Google ya había aprendido más sobre cómo la gente busca información que cualquier competidor que llegara después con mejor tecnología.
Esto no significa avanzar sin cuidado. Significa algo más específico: construir con lo que existe hoy, en procesos reales, aunque todavía sea imperfecto, en lugar de esperar una versión terminada que probablemente nunca va a llegar exactamente cuando la estés esperando. Hoy menos de uno de cada cuatro equipos que ya despliega agentes de IA tiene un modelo de gobernanza maduro para manejarlos. Esa brecha no se va a cerrar esperando. Se va a cerrar aprendiendo, con datos reales, mientras la tecnología sigue mejorando debajo de los pies de todos al mismo tiempo.
Esta columna es, básicamente, un permiso. No para ser descuidado con la IA, sino para dejar de tratarla como algo que hay que esperar a que esté terminado. La IA imperfecta, integrada hoy en una operación real, le va a ganar casi siempre a la IA perfecta que alguien sigue planeando para el año que viene.
¿Cuál es el “problema del 56k” en tu empresa hoy? ¿Lo estás usando para aprender más rápido que el resto, o como excusa para seguir esperando?