La IA llegó a 1.200 millones de usuarios en menos de tres años. A internet le tomó una década.

Más de 1.200 millones de personas ya usaron alguna herramienta de inteligencia artificial, según el último Informe de Difusión de IA de Microsoft, publicado este año. Llegar a esa cifra le tomó a la IA menos de tres años. A internet, llegar a un número similar de usuarios le tomó cerca de una década. A la electricidad le tomó todavía más.

El propio informe lo dice de una forma que conecta directo con todo lo que hemos venido conversando en esta serie: la IA es una tecnología de propósito general que se para sobre los hombros de tres anteriores. Electricidad, conectividad y computación. No la inventó de cero. La heredó. Y por eso se mueve mucho más rápido que cualquiera de sus predecesoras.

Acá está la razón concreta. Internet, en los 90, necesitaba construir su propia infraestructura física desde cero: cables, servidores, redes domiciliarias, proveedores de acceso. Cada nuevo usuario implicaba tender cable nuevo. La inteligencia artificial no tiene ese problema. Corre sobre la nube, sobre internet y sobre centros de datos que ya estaban construidos. No necesita levantar rieles nuevos. Los rieles ya estaban puestos, y la IA simplemente se subió arriba.

Eso cambia por completo el cálculo de tiempo que la mayoría de las empresas todavía tiene en la cabeza. Si internet tardó entre quince y veinte años en pasar de “tenemos un equipo de internet” a “todo funciona online”, el supuesto implícito en muchos directorios es que la IA va a seguir un calendario parecido, y que hay tiempo de sobra para definir una estrategia con calma. Los números dicen otra cosa. Cada decisión del tipo “eso lo resolvemos más adelante” se está tomando hoy sobre un supuesto que ya no es cierto.

Y esta velocidad, además, no es pareja. Los mismos datos de Microsoft muestran que países como Emiratos Árabes Unidos o Singapur ya superan el 60% de su población en edad de trabajar usando IA de forma regular. En partes de América Latina, esa cifra todavía está por debajo del 10%. Para una empresa chilena o latinoamericana, esto no es solo una carrera contra el calendario de internet de los 90. Es una carrera contra un promedio regional que ya viene corriendo más lento que el resto del mundo, lo que hace que cada año de indecisión pese el doble.

No estoy escribiendo esto para generar pánico. El pánico lleva a decisiones malas, igual que la complacencia. Lo que sí creo es que vale la pena recalibrar la urgencia para que coincida con la velocidad real de esta transición, en lugar de operar con el cronómetro de una ola tecnológica anterior. Si tu empresa está siguiendo el manual de internet, “armemos un equipo, probemos algunos casos de uso, veamos cómo va”, probablemente ya estés más atrás de lo que crees respecto al ritmo real de este cambio.

La buena noticia es que entender la velocidad correcta también es una ventaja. Las empresas que ya ajustaron su reloj interno a esta nueva escala de tiempo no necesitan apurarse de forma desesperada. Solo necesitan dejar de planificar como si tuvieran veinte años por delante, cuando la evidencia dice que tienen bastantes menos.

¿Tu organización está tomando decisiones de IA con el cronómetro de internet de los 90, o con el cronómetro real de 2026?