En 1987 dijeron que no veían los computadores en las cifras de productividad. Hace poco dijeron lo mismo de la IA.

¿Llevas meses, quizás años, invirtiendo en inteligencia artificial y todavía no tienes un número que mostrarle a tu directorio? No eres el único, y eso no significa necesariamente que tu estrategia esté mal.

En 1987, el economista y premio Nobel Robert Solow escribió una frase que se volvió célebre: “se puede ver la era de los computadores en todas partes, menos en las estadísticas de productividad”. La paradoja era real. Las empresas llevaban más de una década comprando computadores, instalando sistemas, capacitando gente, y la productividad agregada de la economía seguía sin moverse. Terminó llamándose la Paradoja de Solow.

Si leíste la columna pasada, esto te va a sonar conocido: es exactamente lo mismo que le pasó al motor eléctrico entre 1880 y 1920. El motor existía, pero la productividad no aparecía en las estadísticas porque las fábricas todavía no se habían rediseñado. Con los computadores pasó lo mismo en los años 80, y con internet volvió a pasar durante buena parte de los 90: las empresas tenían sitios web, correo electrónico, sistemas internos, y los números seguían sin reflejar nada extraordinario. El patrón no es nuevo. Es, de hecho, predecible.

Y aquí está la parte que le da urgencia a esta columna: hace pocos meses, economistas de algunas de las firmas más seguidas de Wall Street empezaron a desempolvar exactamente esa misma frase de 1987, esta vez aplicada a la inteligencia artificial. El argumento es casi idéntico al de Solow: la IA está en todas partes, en cada presentación corporativa y cada llamada de resultados, menos en los datos de empleo, de productividad o de inflación. Casi cuarenta años después, la misma observación, sobre una tecnología completamente distinta.

Si tu ROI de IA todavía no aparece, lo más probable es que el problema no sea la tecnología. El cuello de botella casi siempre es organizacional, no técnico. Igual que las fábricas que mantuvieron el eje central de vapor debajo del motor eléctrico nuevo, la mayoría de las empresas instaló la IA encima de procesos, jerarquías y flujos de aprobación que se diseñaron para un mundo sin ella, y después se sorprende de que no rinda lo prometido.

Antes de concluir que la IA no está funcionando en tu empresa, vale la pena hacerse tres preguntas.

La primera: ¿esto es realmente un problema de tecnología, o es un problema de proceso? Si la respuesta honesta es que el flujo de trabajo seguiría siendo lento aunque la IA fuera perfecta, el problema nunca fue la herramienta.

La segunda: ¿qué decisiones en tu empresa se siguen tomando exactamente igual que en 2022? Si la respuesta es “casi todas”, ahí está el eje central que todavía nadie ha desmontado.

La tercera, y la más incómoda: ¿quién en tu organización perdería poder si la IA estuviera integrada de verdad en cómo se deciden las cosas? Esa pregunta suele explicar más resistencia silenciosa de la que cualquier informe de adopción tecnológica logra capturar.

Tu ROI de IA probablemente no está atrasado. Está exactamente donde la historia económica dice que debería estar: en la etapa donde el motor ya se instaló, pero la fábrica todavía no. La pregunta no es cuándo va a aparecer el resultado. Es cuándo vas a empezar a rediseñar lo que está alrededor de la herramienta.

¿Cuál de esas tres preguntas te incomodó más?